Psicología para adolescentes

Autolesiones en adolescentes: qué hacer como padres

Autolesiones en adolescentes: por qué ocurren, señales de alerta, cómo reaccionar si lo descubres, cómo hablar con tu hijo y dónde buscar ayuda profesional.

Por el equipo editorial 4 fuentes 9 min de lectura Actualizada el 27 de octubre de 2026

Descubrir que tu hijo se hace daño a propósito es de lo más duro que puede vivir una madre o un padre. Hablamos de autolesiones cuando un chico o una chica se causa daño físico de forma deliberada (cortes, arañazos, quemaduras, golpes), casi siempre para aliviar un malestar emocional muy intenso que no sabe manejar de otra forma. Si no sabes por dónde empezar: mantén la calma, escucha sin juzgar y busca ayuda profesional. Tu reacción en los primeros momentos cuenta mucho.

Si hay riesgo inmediato, llama al 112. Si tu hijo habla de querer morir o te preocupa su seguridad, puedes llamar a la Línea 024 de atención a la conducta suicida (gratuita, confidencial y disponible las 24 horas). Los niños, adolescentes y sus familias también pueden contactar con la Fundación ANAR en el 900 20 20 10.

Qué son las autolesiones y por qué ocurren

En la mayoría de los casos no hay intención de quitarse la vida. Para muchos adolescentes, hacerse daño no es un intento de morir, sino de sentirse mejor en un momento en que el dolor emocional se vuelve insoportable. Los pediatras de la AEP lo resumen así: no buscan «llamar la atención», sino pedir ayuda, porque la necesitan.

Eso no le quita gravedad. Una autolesión indica que el adolescente está pasando por algo que le supera, y a veces convive con pensamientos de muerte. Por eso siempre necesita valoración profesional.

Para qué le sirve

Los adolescentes que se autolesionan cuentan que lo hacen para soltar una tensión que sienten que les va a desbordar, para cambiar un dolor emocional por uno físico que les parece más manejable, para «volver a sentir algo» cuando se notan vacíos o desconectados, para castigarse cuando sienten rabia contra sí mismos, culpa o vergüenza, o para expresar algo para lo que no encuentran palabras.

El alivio dura poco y suele ir seguido de culpa y vergüenza. Eso lleva a esconderlo y a repetirlo cuando vuelve el malestar, un círculo difícil de romper sin ayuda.

Qué puede haber detrás

No hay una única causa. Pueden estar presentes:

  • Ansiedad, tristeza persistente o síntomas depresivos.
  • Dificultad para identificar y expresar emociones.
  • Acoso escolar o ciberacoso.
  • Conflictos familiares, separaciones, pérdidas o experiencias traumáticas.
  • Mucha presión académica o perfeccionismo.
  • Problemas de autoestima o con la imagen corporal, a veces ligados a un trastorno de la conducta alimentaria.
  • Consumo de alcohol u otras sustancias.
  • Amistades o contenidos en internet que normalizan estas conductas.

Señales de alerta

Lo habitual es que lo escondan. Ninguna señal por sí sola lo confirma, pero si ves varias, merece la pena preguntar con delicadeza.

Señales físicas

  • Heridas o marcas sin explicación clara, o con explicaciones que no encajan. Son típicos los cortes superficiales en los antebrazos, las quemaduras y los mordiscos.
  • Manga larga o pantalón largo incluso con calor, o resistencia a ponerse bañador o cambiarse delante de otros.
  • Pulseras, muñequeras o vendas a todas horas.
  • Objetos cortantes o material de curas escondido.

Señales emocionales y de conducta

  • Mucho tiempo encerrado en el baño o en su habitación, sobre todo después de un disgusto.
  • Cambios de humor marcados, irritabilidad, tristeza o apatía.
  • Se aleja de amigos y familia y deja actividades que antes le gustaban.
  • Comentarios de desesperanza, de sentirse una carga o de odiarse.
  • Cambios en el sueño, en la comida o en las notas.
La autolesión es una forma de afrontar un dolor emocional, no el problema en sí. No basta con que deje de hacerse daño: hay que entender qué le hace sufrir y ayudarle a encontrar otras salidas.
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Cómo reaccionar si lo descubres

Es normal sentir miedo, tristeza, culpa, rabia o desconcierto. Tómate unos minutos antes de hablar con tu hijo.

  1. Respira. Va a estar muy pendiente de tu reacción. Si te ve desbordado, puede cerrarse o esconderlo más para protegerte.
  2. Atiende primero las heridas si lo necesitan. Si la lesión es importante o tienes dudas, ve a urgencias o llama al 112.
  3. Busca un momento tranquilo y a solas para hablar.
  4. Transmite preocupación y cariño, no enfado. Que sepa que no está metido en un lío y que quieres ayudarle.
  5. Escucha más de lo que hablas. No necesitas tener todas las respuestas.
  6. No castigues. Castigar algo que le sirve para aliviar el sufrimiento solo añade malestar y más motivos para esconderlo.
  7. Evita ultimátums y promesas forzadas («Prométeme que no lo vas a hacer nunca más»). Le ponen en una situación imposible y dificultan que te lo cuente si vuelve a pasar.
  8. Pide ayuda profesional en los días siguientes, sin dejarlo pasar.

Cómo hablar con tu hijo

No hay conversación perfecta, y es probable que la primera no salga como imaginabas. Lo importante es abrir la puerta y que sepa que puede volver a ella. Algunas frases que ayudan:

  • «He visto las marcas y estoy preocupado por ti. No estoy enfadado. Quiero entender cómo estás.»
  • «Debes de estar pasándolo muy mal para necesitar hacerte daño.»
  • «No tienes que contármelo todo ahora. Estoy aquí.»
  • «¿Qué pasa antes de que lo hagas? ¿Qué sientes?»
  • «Vamos a buscar ayuda juntos.»
  • «¿Hay algo que yo haga que te haga sentir peor? Me gustaría saberlo.»

Preguntar por los pensamientos de muerte

Muchos padres temen que preguntar por el suicidio «le meta ideas en la cabeza». No es así: preguntar con calma y de forma directa no aumenta el riesgo, y a menudo alivia a quien lo está pensando. Puedes decir: «A veces, cuando alguien está tan mal, piensa en que no quiere seguir viviendo. ¿Te ha pasado?». Si dice que sí, no te quedes solo con esa información: busca ayuda profesional de inmediato y, si hay riesgo, llama al 112 o al 024.

Si no quiere hablar

Es frecuente que lo niegue, se enfade o se cierre. No lo fuerces. Dile que respetas que ahora no quiera hablar, que sigues ahí y que, de todas formas, vais a buscar a alguien que pueda ayudar. A veces es más fácil hablar por escrito, en el coche o mientras hacéis algo juntos, sin mirarse a la cara.

Qué conviene evitar

  • Reaccionar con horror, gritos o llanto descontrolado delante de él. Es comprensible sentirlo; desahógate con otro adulto.
  • Quitarle importancia («Son cosas de la edad», «Se te pasará») o pensar que lo hace para llamar la atención.
  • Culparle o avergonzarle («¿Cómo nos haces esto?»).
  • Vigilarle de forma invasiva, registrar sus cosas a escondidas o quitarle toda la intimidad. Algunas medidas de protección pueden ser necesarias, pero es mejor decidirlas con el profesional y explicárselas.
  • Contarlo a terceros sin que lo sepa, más allá de lo necesario para protegerle. Decidid juntos, en lo posible, quién debe saberlo.
  • Esperar a ver si se pasa solo. Aunque la conducta parezca parar, el malestar de fondo necesita atención.

Buscar ayuda profesional

  1. Pide cita con su pediatra o médico de familia. Puede valorar las lesiones, hacer una primera evaluación y derivar a salud mental infanto-juvenil.
  2. Busca un psicólogo con experiencia en adolescentes y en regulación emocional, colegiado y habilitado como psicólogo sanitario. En nuestro directorio hay psicólogos especializados en adolescentes.
  3. Si hay riesgo inmediato, ve a urgencias o llama al 112. No esperes a una cita.

Hay terapias psicológicas que ayudan a los adolescentes a entender sus emociones, tolerar el malestar sin hacerse daño y mejorar sus relaciones. Para quienes se autolesionan con frecuencia y tienen mucha dificultad para regular sus emociones, la guía clínica británica NICE recomienda considerar la terapia dialéctica conductual adaptada a adolescentes (DBT-A), que implica también a la familia. No hay ningún fármaco específico para reducir las autolesiones. El proceso lleva tiempo y puede haber recaídas, que no significan que la terapia no funcione.

Si es la primera vez que buscáis ayuda, te será útil leer qué esperar de la primera consulta.

El papel del colegio o el instituto

Tu hijo pasa allí muchas horas, y el tutor y el departamento de orientación pueden detectar cambios y ofrecer apoyo. Valora con él y con el profesional que le atiende qué contar al centro y a quién. Con el orientador o el tutor podéis acordar una persona de referencia a la que acudir si se encuentra mal y cierta flexibilidad en los momentos difíciles. Si sospechas que hay acoso o ciberacoso, comunícalo para que el centro active su protocolo; también puedes buscar profesionales especializados en acoso escolar. Y pide discreción: necesita sentirse protegido, no expuesto ante sus compañeros.

Internet y redes sociales

Algunos contenidos en redes y foros normalizan o incluso animan las autolesiones. No se trata de prohibirlo todo, sino de hablar de lo que ve, revisar juntos a quién sigue y animarle a dejar de seguir las cuentas que le hacen daño. Tienes más ideas en nuestras claves para padres sobre adolescentes y redes sociales.

Cuidar a los padres

Acompañar a un hijo que se autolesiona agota. Es frecuente sentir culpa («¿qué he hecho mal?»), miedo constante, insomnio o tensión en la pareja. Cuidarte es necesario para poder sostenerle.

Apóyate en tu pareja, en un familiar o en un amigo de confianza, y pide orientación para ti: muchos profesionales ofrecen sesiones a los padres. Las autolesiones tienen causas complejas; lo que está en tu mano es acompañar y buscar ayuda, y ya lo estás haciendo. Cuida el descanso y la comida, búscate pequeños respiros y no te olvides de los hermanos, que también notan la tensión y necesitan explicaciones adaptadas a su edad. La terapia familiar puede ayudar a toda la familia a comunicarse mejor y a afrontar la situación con más recursos.

Preguntas frecuentes

¿Las autolesiones son un intento de suicidio?

En la mayoría de los casos no hay intención de morir: se usan para aliviar un malestar emocional intenso. Pero son siempre una señal de sufrimiento y pueden convivir con pensamientos de muerte, así que hay que tomarlas en serio y buscar valoración profesional.

¿Qué hago si descubro que mi hijo se autolesiona?

Mantén la calma, cura las heridas si hace falta, habla con él a solas mostrando preocupación y no enfado, escucha sin juzgar, evita castigos y ultimátums y busca ayuda profesional cuanto antes. Si hay riesgo inmediato, llama al 112.

¿Preguntarle por el suicidio puede empeorar las cosas?

No. Preguntar con calma y de forma directa no aumenta el riesgo y a menudo alivia. Si responde que sí, busca ayuda profesional de inmediato y llama al 024 o al 112 si hay peligro.

¿Debo castigarle para que deje de hacerlo?

No. El castigo aumenta la culpa, la vergüenza y la necesidad de esconderlo, y no toca el sufrimiento que hay detrás. Ayudan la escucha, el apoyo y la intervención de un profesional.

¿Las autolesiones se superan?

Sí. Con apoyo familiar y tratamiento psicológico, muchos adolescentes aprenden otras formas de manejar sus emociones y dejan de autolesionarse. Puede haber recaídas por el camino, y forman parte del proceso.

Recuerda: si hay riesgo inmediato, llama al 112. La Línea 024 atiende la conducta suicida de forma gratuita las 24 horas, y la Fundación ANAR ayuda a niños, adolescentes y familias en el 900 20 20 10.

No tenéis que pasar por esto solos. Puedes buscar un psicólogo infantil o de adolescentes en tu provincia y dar hoy el primer paso.

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