Cómo hablar de emociones con tu hijo: ideas para el día a día
Ideas sencillas para que tu hijo aprenda a reconocer, nombrar y gestionar lo que siente: frases útiles, juegos y errores habituales que conviene evitar.
Saber qué sientes y poder decirlo ayuda a calmarse, a llevarse bien con los demás, a pedir ayuda y a resolver problemas. Nadie nace sabiendo hacerlo: se aprende en casa, poco a poco, en conversaciones corrientes. No necesitas ser experto ni tener las palabras perfectas. Basta con estar atento y aprovechar las ocasiones.
Primero, ponerle nombre
Un niño pequeño puede sentir algo muy intenso sin saber qué es. Cuando le ayudas a nombrarlo, la emoción se vuelve más manejable; hay quien lo resume como «nombrarlo para domarlo».
- Describe lo que ves: «Has apretado los puños y tienes la cara roja. Creo que estás muy enfadado».
- Amplía el vocabulario más allá de «bien» y «mal»: frustrado, nervioso, decepcionado, orgulloso, celoso, avergonzado, ilusionado. Los cuentos y las canciones ayudan mucho.
- Relaciona la emoción con lo que ha pasado: «Estás triste porque tu amigo se ha ido a vivir a otra ciudad».
- Señala dónde se nota en el cuerpo: mariposas en la tripa, el corazón que va rápido, un nudo en la garganta.
Todas las emociones valen
Sin querer, a veces transmitimos que hay emociones buenas y malas. «No llores», «no te enfades» o «no pasa nada» buscan consolar, pero el niño entiende que lo que siente no está bien, y puede acabar desconectándose de ello.
Cada emoción tiene su función: el miedo protege, la tristeza ayuda a pedir consuelo, el enfado avisa de que algo parece injusto. Lo que hay que aprender a manejar es lo que hacemos con ellas, no las emociones en sí.
Escuchar de verdad
Cuando tu hijo te cuenta algo que le preocupa, la tentación es darle soluciones enseguida. Antes, deja lo que estés haciendo y mírale. Escucha sin interrumpir ni juzgar, aunque su motivo no te parezca importante. Devuélvele lo que has entendido («Así que te sentó mal que no te eligieran para el equipo») y pregunta antes de aconsejar: «¿Quieres que pensemos juntos qué hacer o prefieres que solo te escuche?». Sentirse comprendido calma más que cualquier consejo.
Elegir el momento
En plena rabieta o con mucho llanto no puede razonar. Primero acompaña y ayúdale a calmarse (cambiar de sitio, respirar, dibujar, poner música); la conversación sobre lo que pasó funciona mucho mejor después.
Hay momentos especialmente buenos para hablar: en el coche, paseando, haciendo algo juntos con las manos o a la hora de dormir. A muchos niños, sobre todo a los mayores, les resulta más fácil cuando no se sienten observados cara a cara.
Juegos y recursos para casa
- Cuentos: hablar de lo que siente un personaje abre la puerta a hablar de lo que siente él.
- El termómetro de las emociones: dibujad un termómetro y que marque cómo de fuerte es su enfado o su miedo. Así ve que las emociones suben y bajan.
- Adivina la emoción: por turnos, poned caras o haced gestos y el otro adivina qué emoción es.
- La pregunta de la cena: cada uno cuenta algo que le alegró y algo que le molestó durante el día.
- El rincón de la calma: cojines, un peluche, cuentos o música suave, para ir cuando se siente desbordado, nunca como castigo.
- Dibujar lo que siente, que a los más pequeños les resulta a veces más fácil que decirlo.
Tu ejemplo cuenta más que tus palabras
Los niños aprenden a tratar sus emociones como ven que las tratan los adultos. Hablar de lo que sientes, adaptado a su edad, enseña mucho: «Hoy estoy cansada y un poco irritable, así que voy a respirar un momento antes de seguir». Hablar desde el «yo» («me preocupa que…») en lugar de juzgar («eres un…») también es un modelo.
Y cuando pierdas los nervios, que pasará, repara: «Antes te he gritado y no estuvo bien. Estaba muy agobiado. Lo siento». Así aprende que equivocarse forma parte de la vida y que las relaciones se arreglan.
Según la edad
Con los más pequeños, sobre todo se trata de poner nombre y acompañar. En primaria ya pueden pensar maneras de calmarse y entender lo que sienten los demás. Con los adolescentes, toca estar disponible sin invadir y respetar que a veces necesiten espacio.
Cuándo pedir ayuda
Consulta con un psicólogo infantil si tu hijo tiene reacciones muy intensas y frecuentes que no consigue regular, si le ves triste, irritable o preocupado casi todo el tiempo, si se aísla, ha perdido interés por lo que le gustaba o tiene miedos que le limitan, o si sus emociones están afectando a su vida en el colegio, con los amigos o en casa.
Preguntas frecuentes
¿A partir de qué edad se puede hablar de emociones con un niño?
Desde muy pequeño. Antes de que hable ya puedes poner palabras a lo que le ves sentir («estás asustado por el ruido»). A medida que aprenda a hablar irá usando esas palabras él mismo, y el vocabulario se amplía con los años.
¿Qué hago si mi hijo no quiere hablar de lo que siente?
No le presiones. Cuéntale tú cómo te sientes, usa cuentos o dibujos y aprovecha los momentos en que estáis haciendo algo juntos. Que sepa que estás disponible suele ser suficiente para que acabe contándolo.
Puedes leer la guía cuándo llevar a un niño al psicólogo o buscar profesionales de psicología infantil en nuestro directorio.
Fuentes
- El cerebro emocional: ¿cómo tratar nuestras emociones y las de los niños?. Familia y Salud, AEPap, 2016.
- Acompañar la gestión emocional de la infancia. Asociación Española de Pediatría, En Familia.
- Técnicas de comunicación asertiva, no violenta y yoica. Asociación Española de Pediatría, En Familia.