Problemas de sueño

Problemas de sueño en niños: insomnio, pesadillas y terrores nocturnos

Cuánto deben dormir los niños, insomnio infantil, pesadillas frente a terrores nocturnos, rutinas que ayudan a dormir mejor y cuándo consultar.

Por el equipo editorial 4 fuentes 8 min de lectura Actualizada el 27 de octubre de 2026

Pocas cosas desgastan tanto a una familia como las malas noches. Los problemas de sueño en niños son muy frecuentes: según los pediatras de atención primaria, alrededor de un 30 % de los niños de entre 6 meses y 5 años tiene insomnio en algún momento, casi siempre ligado a hábitos. La mayoría de estas dificultades mejoran cambiando rutinas; otras necesitan que las valore un profesional.

Unos horarios regulares, una rutina tranquila antes de acostarse y apagar las pantallas a tiempo resuelven buena parte de los problemas. Si la dificultad dura semanas, afecta a su día a día o ronca con pausas al respirar, consulta.

Cuánto necesitan dormir los niños

Las necesidades cambian con la edad y de un niño a otro. Como referencia, la Academia Americana de Medicina del Sueño (con el respaldo de la Academia Americana de Pediatría) recomienda, contando las siestas:

EdadHoras de sueño al día
4 a 12 mesesEntre 12 y 16 horas
1 a 2 añosEntre 11 y 14 horas
3 a 5 añosEntre 10 y 13 horas
6 a 12 añosEntre 9 y 12 horas
13 a 18 añosEntre 8 y 10 horas

Más que las horas exactas, mira cómo está de día. Si se levanta descansado, atiende y está de buen humor, probablemente duerme lo suficiente. Si le cuesta mucho levantarse, se queda dormido en el coche o en clase, o está irritable o muy movido por la tarde, puede que le falte sueño. En los pequeños, el cansancio suele salir como más actividad, no como somnolencia.

Problemas de sueño más frecuentes

Insomnio infantil

Se nota como dificultad para dormirse, despertares frecuentes de los que le cuesta volver a dormirse, o las dos cosas. En los niños pequeños casi nunca hay una causa médica detrás, sino hábitos.

El más habitual es la asociación para dormirse: si solo se duerme en brazos, con el biberón o con un adulto al lado, cuando se despierta de madrugada (algo que hacemos todos varias veces cada noche) necesita lo mismo para volver a dormirse. También influyen las peticiones encadenadas a la hora de acostarse (agua, otro cuento, ir al baño), los horarios irregulares o demasiado tardíos y las pantallas antes de dormir.

En niños mayores y adolescentes, el insomnio tiene más que ver con preocupaciones, ansiedad, ánimo bajo o el móvil en la cama. En la adolescencia, además, el reloj biológico se retrasa de forma natural: les cuesta dormirse pronto y levantarse temprano, y eso choca con el horario del instituto.

Pesadillas

Son sueños que dan miedo y despiertan al niño. Pueden aparecer desde los dos años (afectan hasta a un 30 % de los niños pequeños), son frecuentes durante toda la infancia, coinciden con la etapa de los miedos infantiles y aumentan en épocas de estrés o cambios.

Terrores nocturnos

El niño, todavía dormido, se sienta en la cama, grita o llora, parece aterrorizado, con la respiración y el corazón acelerados, y no responde a sus padres. Son más típicos hacia los 3 o 4 años, aunque pueden darse también en edad escolar, ocurren al principio de la noche y a menudo hay antecedentes en la familia. Impresionan mucho a quien los ve, pero no son peligrosos y el niño no los recuerda.

Diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos

PesadillasTerrores nocturnos
Cuándo ocurrenSegunda mitad de la noche, de madrugadaPrimeras horas tras dormirse
Estado del niñoSe despierta y está conscienteSigue dormido aunque tenga los ojos abiertos
Respuesta a los padresTe reconoce y busca consueloNo te reconoce y puede rechazar el contacto
RecuerdoSuele recordar el sueñoNo recuerda nada por la mañana
Volver a dormirLe cuesta, tiene miedoSe duerme enseguida al terminar el episodio

Otros problemas

El sonambulismo es de la misma familia que los terrores nocturnos: se levanta y camina dormido, sobre todo entre los 4 y los 8 años y en las primeras horas de la noche, y suele desaparecer con la edad. Hablar en sueños o rechinar los dientes es frecuente y casi nunca tiene importancia. El miedo a dormir solo es muy común en infantil y primaria.

Los ronquidos habituales merecen más atención, sobre todo si hay pausas al respirar, respira por la boca o duerme muy inquieto: pueden indicar apnea del sueño, a menudo por vegetaciones grandes, y hay que comentarlo con el pediatra.

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Rutinas que ayudan a dormir mejor

La llamada higiene del sueño es la base de cualquier intervención, y muchas veces basta:

  • Horarios regulares: acostarse y levantarse a la misma hora, con no más de una hora de diferencia el fin de semana.
  • Una rutina previa tranquila, siempre en el mismo orden, de 20 o 30 minutos: aseo, pijama, dientes, cuento, beso, luz apagada. La repetición avisa al cerebro de que toca dormir.
  • Pantallas fuera al menos una hora antes de acostarse, y ningún dispositivo en el dormitorio. Si las pantallas son un problema en casa, mira la sección de uso de pantallas.
  • Dormitorio oscuro, silencioso y a buena temperatura. Si tiene miedo, una luz tenue está bien.
  • La cama, para dormir: ni castigos, ni deberes, ni pantallas.
  • Movimiento y aire libre durante el día, con luz natural.
  • Cenas ligeras y no muy tarde, sin refrescos con cafeína por la tarde.
  • Siestas acordes a su edad: una muy larga o muy tardía retrasa el sueño de la noche.

Qué hacer en cada situación

Si le cuesta dormirse o se despierta mucho

Acuéstale con sueño pero despierto, para que aprenda a dormirse en su cama. Si necesita tu presencia, retírate poco a poco: primero sentado junto a la cama, luego más lejos, luego desde la puerta, a lo largo de días o semanas. Pactad de antemano cuántas "salidas" o peticiones se permiten tras apagar la luz. Ante los despertares, calma, poca luz y pocas palabras. Y paciencia: los cambios en el sueño tardan unas semanas en notarse.

Si tiene una pesadilla

  • Ve, consuélale y recuérdale que era un sueño y que estás ahí.
  • Si no quiere contarlo en ese momento, no insistas; podéis hablar por la mañana.
  • Ayúdale a volver a dormirse en su cama, con su peluche o una luz tenue.
  • De día, puede ayudarle dibujar la pesadilla y cambiarle el final.
  • Revisa qué ve antes de dormir y si hay alguna preocupación o cambio reciente en casa o en el colegio.

Si tiene un terror nocturno

  • No intentes despertarle: le desorienta y alarga el episodio.
  • Quédate a su lado y vigila que no se haga daño, sin sujetarle salvo que haga falta.
  • Espera a que pase; suele durar pocos minutos.
  • No le preguntes por la mañana: no lo recordará y puede preocuparle.
  • Asegúrate de que duerme lo suficiente, porque el cansancio acumulado los favorece.
  • Si es sonámbulo, llévale de vuelta a la cama sin despertarle y asegura ventanas, escaleras y puertas.

Si dudas de qué es lo que le pasa, grabar un episodio con el móvil y enseñárselo al pediatra ayuda mucho.

Sueño, emociones y comportamiento

Sueño y bienestar emocional se influyen en las dos direcciones. Dormir poco aumenta la irritabilidad, la impulsividad y los despistes, y en algunos niños la falta de sueño se confunde con un problema de conducta o con TDAH. A la vez, la ansiedad, la tristeza o el estrés en casa o en el colegio quitan el sueño. Cuando las dificultades persisten, conviene mirar también qué pasa durante el día.

Los niños con TDAH o autismo tienen problemas de sueño con más frecuencia, y conviene abordarlos con los profesionales que les atienden.

Cuándo consultar

Habla con el pediatra o con un psicólogo infantil especializado en sueño si:

  • Las dificultades duran varias semanas a pesar de mejorar las rutinas.
  • El mal sueño afecta a su rendimiento, su humor o su comportamiento.
  • Ronca a menudo, hace pausas al respirar o duerme muy inquieto.
  • Las pesadillas o los terrores son muy frecuentes, muy intensos o empezaron tras una experiencia traumática.
  • El sonambulismo es frecuente o hay riesgo de que se haga daño.
  • Tiene mucho sueño de día aunque duerma sus horas.
  • El descanso de toda la familia está seriamente afectado.

El pediatra descartará causas médicas y, si hace falta, derivará a una unidad de sueño o a neuropediatría. El psicólogo infantil trabaja los hábitos, las asociaciones para dormirse y los aspectos emocionales con técnicas conductuales bien respaldadas. No le des ningún producto ni fármaco para dormir sin consultarlo antes con el pediatra.

Puedes buscar psicólogos especializados en sueño infantil en el directorio de psicólogos infantiles. Si además se hace pis por la noche, consulta la especialidad de enuresis.

Preguntas frecuentes

¿Es malo que mi hijo duerma en nuestra cama?

Cada familia decide. El colecho no es un problema en sí si todos descansan bien. Si queréis que duerma en su cama y le cuesta, retirar vuestra presencia de forma gradual suele dar buen resultado.

¿Cómo sé si son pesadillas o terrores nocturnos?

Con una pesadilla se despierta, te reconoce, busca consuelo y suele recordar el sueño. En un terror nocturno sigue dormido, no responde a tu presencia, ocurre en las primeras horas de la noche y por la mañana no recuerda nada.

¿A qué hora debería acostarse un niño de primaria?

Depende de cuándo se levante. Si necesita entre 9 y 12 horas y se levanta a las siete y media, lo razonable es que esté dormido entre las ocho y media y las nueve y media, más o menos.

¿Los problemas de sueño se pasan solos con la edad?

Muchos sí: los terrores nocturnos y el sonambulismo suelen desaparecer al crecer. El insomnio ligado a hábitos, en cambio, tiende a mantenerse si no se cambian las rutinas, y el que tiene que ver con ansiedad o ánimo bajo pide abordar la causa.

Fuentes

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